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29/4/10

Hoy

Hace cinco años que vivo en Monterrey. Que no tengo mucho contacto con mi hometown, más que en vacaciones cuando me doy la vuelta por allá.
Y apenas este año es que de repente todos mis amigos de la prepa descubren facebook y me encuentran ahi.
No tengo idea si éste es uno de esos loops que te encuentras cuando regresas unos años atrás y empiezas a recordar todo lo que pasó mientras estabas en prepa, o secundaria, o así. Lo que si sé es que últimamente estoy más conciente del tiempo que ha pasado, y de que hace varios años que no veo a muchas personas que fueron vitales en mi vida durante un tiempo.
Quiero decir, estoy aquí y lo disfruto, pero a veces me gusta volver a esos días donde no me preocupaba nada y hacía como que me esforzaba cuando la verdad es que le debía mis buenas calificaciones a mi memoria y a hacer todas las tareas a tiempo y a conciencia.Y bueno, para acabar, pienso en mis amores de adolescente, lo poco que ha cambiado mi forma de desempeñarme en ese aspecto (en el corazón, sigo siendo una adolescente), y en que un corazón roto a los 17 años no es lo mismo que uno a los 22, como sé que no lo será a los 25 o 30...
No, recapitulemos. No sólo en el corazón... en todo lo demás sigo siendo una adolescente, pero sin el acné de esos días.
Al menos en eso sí hemos mejorado.Y he aquí el "panoramico" de mi vista mientras escribo esto. Se supone que lo tomé para que saliera a lo amplio, pero el celular no me ayuda mucho con eso de las fotos pro. CIAP, las banderas.

13/4/09

Crecer duele


Llega un momento en la vida de toda persona, donde es necesario crecer. Y no hablo de crecer como "mira, soy un centímetro más alto" o "diablos, mis jeans me quedan cortos", sino de crecer como persona, como ser humano, como hombre-mujer-ambos. Y como todo cambio, y como todo proceso de transición, duele. O molesta, o hasta pica... anyway, the truth is que cuando tal proceso termina, ya nada es igual.
¿A qué viene todo eso? Bueno, que cuando creemos que lo peor ha pasado, y que has llegado a lo que serás durante varios años de tu vida, y tu personalidad parece definida y tus jeans duran más de un año, viene algo/alguien, y te vuela los sesos de una forma descomunal e imprevista, y todo lo que sabías pasa a formar parte de todo lo que creías que era así pero que siempre no.
Bueno, la verdad es que no tengo idea por qué empecé a escribir esto. Tal vez sea porque de repente me acuerdo de que hace no más de 10 años yo seguía en mi casa viendo caricaturas y pensando en la inmortalidad del cangrejo (el cual, después de verlo andar por la playa, descubrí que no sólo no es inmortal, sino que también sabe delicioso...) y ahorita la tele es esa cajita cuadrada en mi cuarto que hace ruidos y me hace compañía mientras intento terminar las toneladas de trabajos/tareas/other things que la escuela me ha heredado.
O que durante mucho tiempo estuve atorada en una relación que fracasó cuando tenía 17, que no pude superar, y que siempre quise volver a intentar y saber en qué me había equivocado. Y que de repente, después de 4 años, embobada con alguien más, cometiendo errores que ya no parecen ni se sienten como errores, me di cuenta de las cosas en las que realmente la eché a perder. Los que realmente fueron errores cuando estaba en esa relación, como los celos, o la necesidad de tener el control siempre. Actualmente, me gusta tener el control todavía en mis trabajos, en la escuela, en las clases... pero perder el control y no saber lo que pasa en una relación también es disfrutable, si uno confía en la otra persona. Y para confiar en alguien hay que saber escoger, y tener estándares, aunque eso ya es cosa de otro post...
A lo que voy es que uno no espera crecer pasada la adolescencia, cuando creemos que ya tenemos definidos nuestro carácter. Y de repente nos encontramos con esa sensación extraña de que algo duele cuando no debía o que cuando esperabas llorar durante todo un fin de semana o más, razonaste más de lo debido y te pusiste en los zapatos del otro y aunque te dolió, escogiste que no te afectara hasta la médula y aprender.
Crecer duele, pero, a la larga, no hacerlo te deja liciado de por vida.