El telefono sonó tres veces, antes de que pudiera atenderlo. La verdad, ya no me importaba saber qué pasaba, quien llamaba o para qué. No me importaba saber quién seguía vivo, porque la persona que me mantenía a mi viva ya no estaba en este mundo.
Corté la llamada dos palabras después.
Me había despertado contenta, feliz al ver el primer día de sol en tres meses, y estaba planeando toda mi rutina alrededor de este hecho intrascendente. Después de todo, no sabía cuando volvería Dios a tenerme compasión y mandarme la luz del sol. Así que, como es natural, lo llamé a él primero.
El teléfono sonó más de tres veces, pero nadie respondía. Algo oprimió mi corazón, pero deseché cualquier pensamiento oscuro que mi cabeza hubiera sembrado. Más bien, imaginé los posbiles escenarios que llevarían a que mi sol personal no contestara una llamada mía.
La ducha, dormido, el desayuno, sus padres, el teléfono sin sonido... todas esas ideas cruzaron por mi mente mientras volvía a marcar el número, esta vez sin esperar su respuesta. Tres veces sonó de nuevo sin que él atendiera.
Ansiedad se volvió a atorar en mi garganta. Decidida a hablar con él, sin importar lo que pudieran pensar sus padres de una llamada mañanera, teclé el número de su casa, con un hoyo en el estómago por lo que pudiera suceder.
Tres veces sonó, y tres veces más. Y nadie atendió.
Pánico.
Dolor.
Corrí a través de las pocas calles que separaban nuestras casas, con la firme intención de encarar los hechos, fueran los que fueran. El estómago lo tenía hecho trizas, la gente se quedaba observando mis pijamas, y las piedras del pavimento se enterraban en mis pantuflas, pero necesitaba saber la verdad.
Y la verdad era un eclipse permanente, del que mi sol personal nunca podría salir.
Tres veces sonó mi teléfono otra vez. Esta vez, lo dejé así: la voz que yo necesitaba oir, no se comunicaba por teléfono.
16/2/09
9/11/08
Un pequeño secreto
Cuando tenía cuatro años, jugaba cerca de un pozo. Había oído a mamá decirme diez mil veces que no lo hiciera, pero ese lugar ejercía una influencía tremenda e indescriptible hacia mí, por lo que seguía haciéndolo, a pesar de todas sus indicaciones. Pero me cuidaba de hacerlo cuando ella no estaba en casa.
Ese día hacía mucho sol, y se escuchaban las chicharras en el patio. Y era como música que me llamaba cual canto de sirena invitándome a jugar alrededor del pozo. Y, obvio, teniendo yo 4 años, fui corriendo hacia ese lugar encantado y prohibido. Yo estaba encantada: traía puesto mi bello vestido nuevo, rosa pastel como a mi me gustaba, y corría descalza sobre el pasto amarillo y quemado por el sol, que crujía cada vez que daba un paso sobre él.
Y las sirenas entonces atacaron. Una chicharra enorme pasó frente a mí, haciendo ese extraño zumbido con las alas, y golpeándome en la frente me hizo perder el equilibrio. Y, obvio de nuevo, pasó lo que mamá temía tanto.
Caí al pozo.
El agua entraba por mi nariz, por mis oídos, y llenaba mi cuerpo de ese extraño líquido que lejos de refrescarme como cuando estaba en la bañera, me quemaba por dentro. Y no entendía. Digo, no podía pensar mas que en mamá y como no la había escuchado, y cuan arrepentida estaba, y cuan tonta me sentía, y que si lograba salir de ese pozo, no volvería a desobedecerla en la vida.
No supe si grité. No recuerdo si patalee. Pero recuerdo haber sentido las fuertes manos de mi padre sacándome del pozo, mientras el aire reemplazaba el agua de mi cuerpo. Mientras sentía como por mi nariz corría un líquido tibio y espeso, recupere la vida y la vista. Estaba viva, tenía otra oportunidad.
Mamá nunca se enteró de eso. El secreto permaneció entre mi padre y yo hasta hoy, que por primera vez le cuento a alguien de mi experiencia cercana a la muerte.
Pasarían muchos años antes de que volviera a desobedecer a mamá, pero en esa ocasión, valió la pena.
3/9/08
Como la primavera
Yo nunca supe por qué, pero con ella siempre había una mariposa. Generalmente azules, se posaban en su cabello como broches de plata, sin moverse siquiera, adornando su presencia un poco más. Las mariposas parecían amarla. Llegaban en montones cuando ella las llamaba, y la cubrían de colores por todo el vestido. Ella tampoco parecía odiarlas: decía que quizás su destino era ser mariposa, pero el cielo se equivocó y la mandó como humana.
El día de su cumpleaños, le di un ramo de narcisos. Ella me recordaba la historia de la belleza de Narciso, y como llegó a convertirse en flor. Ella no dijo nada. Pero supe que le habían gustado, cuando una mariposa pequeña y roja llegó sobre las flores, como una mancha de sangre sobre la nieve. Su sonrisa lo confirmó, y me sentí feliz de complacerla.
Ella se fue un día de mayo, silenciosa como una flor que se marchita. Se despidió de todos cálida, por la tarde, para su siesta; no sabíamos que dormiría para siempre. sus ojos azules nos dieron la última sonrisa, acariciándonos a cada uno como solía hacerlo siempre. Era una tarde febril, pesada y naranja. Ninguna otra mejor para decirle adiós.
Ese día, una mariposa negra cruzó el umbral de la casa por última vez.
El día de su cumpleaños, le di un ramo de narcisos. Ella me recordaba la historia de la belleza de Narciso, y como llegó a convertirse en flor. Ella no dijo nada. Pero supe que le habían gustado, cuando una mariposa pequeña y roja llegó sobre las flores, como una mancha de sangre sobre la nieve. Su sonrisa lo confirmó, y me sentí feliz de complacerla.
Ella se fue un día de mayo, silenciosa como una flor que se marchita. Se despidió de todos cálida, por la tarde, para su siesta; no sabíamos que dormiría para siempre. sus ojos azules nos dieron la última sonrisa, acariciándonos a cada uno como solía hacerlo siempre. Era una tarde febril, pesada y naranja. Ninguna otra mejor para decirle adiós.
Ese día, una mariposa negra cruzó el umbral de la casa por última vez.
30/5/08
Reseña no. 1: La Ladrona de Libros
Vamos a hacer algo diferent esta vez: reseñaré-criticaré este libro que leí hace un par de meses.
La Ladrona de Libros de Markus Zusak.
Tiene los elementos para engancharte hasta desear terminar de leer y, al mismo tiempo, querer que esa historia dure eternamente.
Un narrador especial. La Muerte, humanizada hasta los huesos, muestra sentimientos, remordimientos, y un ácido sentido del humor que nos guía a través de la historia principal. A través de sus palabras nos describe los rincones de Himmelstrasse y la infancia (y la pérdida de ella) de la protagonista, por quien siente una fascinación que nos contagia.
Una protagonista entrañable, amigable, conocida. Liesel Meminger. La pequeña ladrona viviendo en medio de la guerra, sin conocer a Hitler, sin saber más de él que lo quehan dicho de su libro, Mein Kampf, el cual está ansisa por leer. Desafiando a la muerte desde el comienzo, enamorándola.
Personajes vivos. Como si existieran en realidad. Con sentimientos, necesidades, miedos. Rudy, un alemán deseando ser Jesse Owens; Rosa y Hans Hubermann, los padres sustitutos, alemanes escondiendo un judío en el sótano; Max, judío alemán, cuya vida es tan paralela a la de Liesel que parecen una misma. Personajes cuyas vidas son más complicadas de lo que uno imagina en el primer capitulo.
La Ladrona de Libros es uno de esos libros que te llama la atención desde la portada. A mi en particular me decía "cómprame, cómprame", y a pesar de que no lo compré el primer momento que lo vi, mi insistencia por tenerlo me valió pra que llegara después a mis manos sin tener que pagar por él. (No me lo robé, me lo regalaron para que me callara).
Así que si esto no es suficiente para motivar a alguien a que lo compré, o al menos lo baje de internet, no sé que será.
La Ladrona de Libros de Markus Zusak.
Tiene los elementos para engancharte hasta desear terminar de leer y, al mismo tiempo, querer que esa historia dure eternamente.
Un narrador especial. La Muerte, humanizada hasta los huesos, muestra sentimientos, remordimientos, y un ácido sentido del humor que nos guía a través de la historia principal. A través de sus palabras nos describe los rincones de Himmelstrasse y la infancia (y la pérdida de ella) de la protagonista, por quien siente una fascinación que nos contagia.
Una protagonista entrañable, amigable, conocida. Liesel Meminger. La pequeña ladrona viviendo en medio de la guerra, sin conocer a Hitler, sin saber más de él que lo quehan dicho de su libro, Mein Kampf, el cual está ansisa por leer. Desafiando a la muerte desde el comienzo, enamorándola.
Personajes vivos. Como si existieran en realidad. Con sentimientos, necesidades, miedos. Rudy, un alemán deseando ser Jesse Owens; Rosa y Hans Hubermann, los padres sustitutos, alemanes escondiendo un judío en el sótano; Max, judío alemán, cuya vida es tan paralela a la de Liesel que parecen una misma. Personajes cuyas vidas son más complicadas de lo que uno imagina en el primer capitulo.
La Ladrona de Libros es uno de esos libros que te llama la atención desde la portada. A mi en particular me decía "cómprame, cómprame", y a pesar de que no lo compré el primer momento que lo vi, mi insistencia por tenerlo me valió pra que llegara después a mis manos sin tener que pagar por él. (No me lo robé, me lo regalaron para que me callara).
Así que si esto no es suficiente para motivar a alguien a que lo compré, o al menos lo baje de internet, no sé que será.
1/5/08
29/4/08
Aclaremos
No amo tu risa, perdóname pero es verdad No puedo decirte que te amo cuando ríes o cuando lloras, porque sería mentira.
No amo tus manos, tu mirada, tus labios... nada de eso, ¿qué puedo decir? Si eres tan igual a muchas otras personas. Tus ojos son iguales a los de otros chicos, y tus labios son como los míos. Tus manos se han descuidado un poco, y tu risa es algo escandalosa.
No amo cada parte de tí. No podría. Eres como un rompecabezas mal armado: algunas piezas no combinan.
Pero no creas que no te amo.
Cada error, cada defecto, cada peculiaridad de tí me hace verte completamente diferente a como vería a alguien más.
No eres hermoso, eres peculiar en tu forma única de ser, aunque parezca redundante. No eres perfecto, aunque tu imperfección te hace especial, por lo menos para mí. Eres lo que eres, eres tú.
No amo cada parte de ti. Amo lo que eres tú, todo y completo tú. Tus diferencias, tu estilo, tu forma de ser casi opuesto a los demás.
Eso amo. Todo el rompecabezas mal armado que eres.
No amo tus manos, tu mirada, tus labios... nada de eso, ¿qué puedo decir? Si eres tan igual a muchas otras personas. Tus ojos son iguales a los de otros chicos, y tus labios son como los míos. Tus manos se han descuidado un poco, y tu risa es algo escandalosa.
No amo cada parte de tí. No podría. Eres como un rompecabezas mal armado: algunas piezas no combinan.
Pero no creas que no te amo.
Cada error, cada defecto, cada peculiaridad de tí me hace verte completamente diferente a como vería a alguien más.
No eres hermoso, eres peculiar en tu forma única de ser, aunque parezca redundante. No eres perfecto, aunque tu imperfección te hace especial, por lo menos para mí. Eres lo que eres, eres tú.
No amo cada parte de ti. Amo lo que eres tú, todo y completo tú. Tus diferencias, tu estilo, tu forma de ser casi opuesto a los demás.
Eso amo. Todo el rompecabezas mal armado que eres.
12/4/08
Pregunta Vital
¿Adán y Eva realmente se amaban, o simplemente estaban condenados a vivir el uno con el otro, en ausencia de más personas?
Suscribirse a:
Entradas (Atom)