Estoy rescatando / reciclando un post viejisimo (del 9 de mayo del 2007), que escribí en uno de esos spaces de msn que nadie leia y super nada pros. Pero me gustó lo que escribí, aunque no recuerdo de donde lo saqué. Bueno, la primera sí: la escuché en un capítulo de Xena warrior princess y luego me di cuenta de que era de no sé qué cosa de Platón. Como quiera, nada más haré copy and paste, y usted juzgue por si mismo.
Una vieja leyenda griega dice, que al principio de los tiempos, las personas tenían 4 brazos, 4 piernas y dos cabezas, y vagaban por el mundo sin una razón, sin emoción, sin sentido.
Zeus, el dios todopoderoso griego, se dio cuenta del aburrimiento de los seres humanos, pero no sabía que hacer. Entonces, se le ocurrió una idea: lanzó sus rayos por toda la tierra, partiendo a todos lo seres por la mitad, quedándose con solo 2 brazos, 2 piernas y una cabeza. Y hecho esto, los separo por todo el mundo, quedando en distintos lugares.
Zeus les dio entonces una razón por la cual vivir: pasar toda su vida, y las siguientes, buscando a su otra mitad perdida, porque cuando la encontraran, volverían a ser como al principio, un ser completo, y no podrían separarse. Pero si la dejaban ir, no podrían hallarla de nuevo…
Otra leyenda dice que al principio de los tiempos, solíamos tener dos alas, y vivíamos en el paraíso. Éramos como ángeles, felices entre las nubes. Pero el demonio, retando a Dios, nos quito un ala para evitar que voláramos hacia Dios. Por eso, pasamos toda nuestra vida buscando a nuestra ala, para poder volar de nuevo hacia el paraíso, los dos juntos.
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4/3/09
22/2/09
Una lágrima
Mis padres me inscribieron en un colegio para que estudiara la primaria. Bueno, a mi y a mi hermano. Dentro de las clases que llevabamos estaba, obviamente, la materia de Educación en la Fe, además de los rosarios cada miércoles, el ir a misa cada domingo como obligación y las constantes alusiones a la religión. Para mi, se hizo una suerte de costumbre hacer todos esos rituales destinados a una divinidad cuya existencia estaba sólo supeditada a nuestra fe.
¿De qué sirve esta introducción? Bueno, a una anécdota que voy a contar a continuación.
No recuerdo qué estaba haciendo ese día, ni qué pasó que me llevó a acabar llorando desconsolada en mi cama. En realidad, el recuerdo es muy borroso. Lo que sé es que mi hermano llegó a consolarme, aunque de una forma que ahora me parece un poco peculiar. Se acercó a mi, se sentó a mi lado sobre mi cama, y me dijo, aunque quizás no con estas palabras: "No llores. No debes llorar, porque llorar es pecado". Obviamente, dejé de llorar, más por confusión que por consuelo, y le pregunté porqué estaba prohibido llorar, porqué era pecado llorar. Su respuesta, la cual es un poco menos borrosa, aun ahora me sorprende: "En la escuela lo dijeron. Llorar es pecado, porque Dios te ha dado motivos suficientes para ser feliz. Tienes todo para ser feliz, para estar contenta, para reir, que llorar es un egoísmo, y no tienes ningún derecho para hacerlo. Por eso es pecado llorar".
En ese momento, lo único que hice fue limpiarme las lágrimas, aunque no entendía muy bien lo que mi hermano quería decirme con eso (quizás deba mencionar también que mi hermano es un año y medio menor que yo, y que para ese momento eramos unos niñatos de no más de diez años). Sólo entendí que llorar era pecado, y que como tal debía ser evitado.
No he olvidado la anécdota; sin embargo, no he podido aplicarla en mi vida diaria. Tanta sabiduría infantil ha quedado un poco relegada, porque he encontrado un desvío.
Lloro no porque sea egoísta, ni porque carezca de motivos para ser feliz. Lloro porque mi corazón está tan lleno que desborda, porque mis emociones son tantas que no encuentro otra forma de expresarlas que con una lágrima. Lloro porque siento, porque reir no es suficiente, porque suspirar no me complace. Lloro, porque sería más egoísta quedarme con todas esas emociones, con todos esos sentimientos para mi sola. Lloro porque Dios me ha dado la capacidad de hacerlo, porque es la mejos forma de hacerle saber que sigo siendo tan humana como en el primer momento que me dejó ver la luz del sol.
Sólo para que sepas: esta vez no es ficción.
¿De qué sirve esta introducción? Bueno, a una anécdota que voy a contar a continuación.
No recuerdo qué estaba haciendo ese día, ni qué pasó que me llevó a acabar llorando desconsolada en mi cama. En realidad, el recuerdo es muy borroso. Lo que sé es que mi hermano llegó a consolarme, aunque de una forma que ahora me parece un poco peculiar. Se acercó a mi, se sentó a mi lado sobre mi cama, y me dijo, aunque quizás no con estas palabras: "No llores. No debes llorar, porque llorar es pecado". Obviamente, dejé de llorar, más por confusión que por consuelo, y le pregunté porqué estaba prohibido llorar, porqué era pecado llorar. Su respuesta, la cual es un poco menos borrosa, aun ahora me sorprende: "En la escuela lo dijeron. Llorar es pecado, porque Dios te ha dado motivos suficientes para ser feliz. Tienes todo para ser feliz, para estar contenta, para reir, que llorar es un egoísmo, y no tienes ningún derecho para hacerlo. Por eso es pecado llorar".
En ese momento, lo único que hice fue limpiarme las lágrimas, aunque no entendía muy bien lo que mi hermano quería decirme con eso (quizás deba mencionar también que mi hermano es un año y medio menor que yo, y que para ese momento eramos unos niñatos de no más de diez años). Sólo entendí que llorar era pecado, y que como tal debía ser evitado.
No he olvidado la anécdota; sin embargo, no he podido aplicarla en mi vida diaria. Tanta sabiduría infantil ha quedado un poco relegada, porque he encontrado un desvío.
Lloro no porque sea egoísta, ni porque carezca de motivos para ser feliz. Lloro porque mi corazón está tan lleno que desborda, porque mis emociones son tantas que no encuentro otra forma de expresarlas que con una lágrima. Lloro porque siento, porque reir no es suficiente, porque suspirar no me complace. Lloro, porque sería más egoísta quedarme con todas esas emociones, con todos esos sentimientos para mi sola. Lloro porque Dios me ha dado la capacidad de hacerlo, porque es la mejos forma de hacerle saber que sigo siendo tan humana como en el primer momento que me dejó ver la luz del sol.
Sólo para que sepas: esta vez no es ficción.
21/2/09
Primera Leyenda del Sol y la Luna
Me gusta ver la Luna de día, como si se hubiera equivocado.
Dicen que hace mucho tiempo, antes de que hubiera vida sobre la Tierra, sólo había caos y oscuridad. No había día, no ahbía noche, no había un cielo y un mar. Y la Luna y el Sol pasaban su existencia juntos, abrazados como amantes.
Entonces, Dios (o Zeus, o Alá, o quien más convenga), salió a ver que pasaba en el planeta que había creado y abandonado a su suerte, y se dio cuenta de que la Luna y el Sol hacían el amor todo el tiempo sobre el cielo que Él había creado, y se molestó al ver que estaba mal.
Entonces decidió poner orden: separó al tierra del cielo y del mar. Y separó a la Luna del Sol.
El Sol era grande, fornido y poderoso: resplandecía por su fuerza, y su calor parecía necesario para mantener la vida en la Tierra, por lo que lo eligió para aparecer durante el día: su luz daría guía, calidez y protección a todo ser viviente.
La Luna no era como él. Débil y pálida, el Señor la mandó a aparecer cuando el Sol se fuera, manteniendo un ténue resplandor para mantener a salvo a todas las criaturas de la Tierra. Así, ambos amantes permanecerían separados, para beneplácito del Sol.
Durante un tiempo pareció funcionar.
El Sol irradiaba calor. Su fuerza no parecía disminuir jamás, y las criaturas que comenzaban a habitar el planeta lo alababan como si él mismo fuera una especie de dios. Todo iba bien para él.
Pero en las noches, la Luna se consumía por su dolor. Su débil rayo se desvanecía noche tras noche, y su bella figura iba menguando conforme el tiempo pasaba. Su amante se había ido y no podía verlo, y la tristeza estaba acabando lentamente con ella.
Dios se dio cuenta de que pronto la Luna iba a desaparecer en el cielo. Se apiadó de ella, pero no lo suficiente como para regresarle a su novio. En vez de eso, pintó el cielo con millones de diminutos puntos luminosos, de estrellas, que acompañarían a la Luna en sus noches de pena y la alegrarían con sus destellos, así ya no estaría sola. Pero la Luna seguía deprimida. Las estrellas, aunque formaban un exccelente grupo de amigas, no llenaban el enorme espacio vacío que dejaba el Sol.
Y entonces Dios ablandó su corazón, y le premitió a la Luna volver a ver a su amado. Cada vez que su tristeza fuera tanta, que no le permitiera mantener su luz en el cielo, la Luna podría salir a ver a su amante, y oscurecer el cielo para hacer el amor. Y la gente lo llamó Eclipse.
Creo que la Luna ahora escapa más frecuentemente, y vigila casi escondida en el cielo de la tarde a su novio, sin que Dios se de cuenta.
Dicen que hace mucho tiempo, antes de que hubiera vida sobre la Tierra, sólo había caos y oscuridad. No había día, no ahbía noche, no había un cielo y un mar. Y la Luna y el Sol pasaban su existencia juntos, abrazados como amantes.
Entonces, Dios (o Zeus, o Alá, o quien más convenga), salió a ver que pasaba en el planeta que había creado y abandonado a su suerte, y se dio cuenta de que la Luna y el Sol hacían el amor todo el tiempo sobre el cielo que Él había creado, y se molestó al ver que estaba mal.
Entonces decidió poner orden: separó al tierra del cielo y del mar. Y separó a la Luna del Sol.
El Sol era grande, fornido y poderoso: resplandecía por su fuerza, y su calor parecía necesario para mantener la vida en la Tierra, por lo que lo eligió para aparecer durante el día: su luz daría guía, calidez y protección a todo ser viviente.
La Luna no era como él. Débil y pálida, el Señor la mandó a aparecer cuando el Sol se fuera, manteniendo un ténue resplandor para mantener a salvo a todas las criaturas de la Tierra. Así, ambos amantes permanecerían separados, para beneplácito del Sol.
Durante un tiempo pareció funcionar.
El Sol irradiaba calor. Su fuerza no parecía disminuir jamás, y las criaturas que comenzaban a habitar el planeta lo alababan como si él mismo fuera una especie de dios. Todo iba bien para él.
Pero en las noches, la Luna se consumía por su dolor. Su débil rayo se desvanecía noche tras noche, y su bella figura iba menguando conforme el tiempo pasaba. Su amante se había ido y no podía verlo, y la tristeza estaba acabando lentamente con ella.
Dios se dio cuenta de que pronto la Luna iba a desaparecer en el cielo. Se apiadó de ella, pero no lo suficiente como para regresarle a su novio. En vez de eso, pintó el cielo con millones de diminutos puntos luminosos, de estrellas, que acompañarían a la Luna en sus noches de pena y la alegrarían con sus destellos, así ya no estaría sola. Pero la Luna seguía deprimida. Las estrellas, aunque formaban un exccelente grupo de amigas, no llenaban el enorme espacio vacío que dejaba el Sol.
Y entonces Dios ablandó su corazón, y le premitió a la Luna volver a ver a su amado. Cada vez que su tristeza fuera tanta, que no le permitiera mantener su luz en el cielo, la Luna podría salir a ver a su amante, y oscurecer el cielo para hacer el amor. Y la gente lo llamó Eclipse.
Creo que la Luna ahora escapa más frecuentemente, y vigila casi escondida en el cielo de la tarde a su novio, sin que Dios se de cuenta.
30/5/08
Reseña no. 1: La Ladrona de Libros
Vamos a hacer algo diferent esta vez: reseñaré-criticaré este libro que leí hace un par de meses.
La Ladrona de Libros de Markus Zusak.
Tiene los elementos para engancharte hasta desear terminar de leer y, al mismo tiempo, querer que esa historia dure eternamente.
Un narrador especial. La Muerte, humanizada hasta los huesos, muestra sentimientos, remordimientos, y un ácido sentido del humor que nos guía a través de la historia principal. A través de sus palabras nos describe los rincones de Himmelstrasse y la infancia (y la pérdida de ella) de la protagonista, por quien siente una fascinación que nos contagia.
Una protagonista entrañable, amigable, conocida. Liesel Meminger. La pequeña ladrona viviendo en medio de la guerra, sin conocer a Hitler, sin saber más de él que lo quehan dicho de su libro, Mein Kampf, el cual está ansisa por leer. Desafiando a la muerte desde el comienzo, enamorándola.
Personajes vivos. Como si existieran en realidad. Con sentimientos, necesidades, miedos. Rudy, un alemán deseando ser Jesse Owens; Rosa y Hans Hubermann, los padres sustitutos, alemanes escondiendo un judío en el sótano; Max, judío alemán, cuya vida es tan paralela a la de Liesel que parecen una misma. Personajes cuyas vidas son más complicadas de lo que uno imagina en el primer capitulo.
La Ladrona de Libros es uno de esos libros que te llama la atención desde la portada. A mi en particular me decía "cómprame, cómprame", y a pesar de que no lo compré el primer momento que lo vi, mi insistencia por tenerlo me valió pra que llegara después a mis manos sin tener que pagar por él. (No me lo robé, me lo regalaron para que me callara).
Así que si esto no es suficiente para motivar a alguien a que lo compré, o al menos lo baje de internet, no sé que será.
La Ladrona de Libros de Markus Zusak.
Tiene los elementos para engancharte hasta desear terminar de leer y, al mismo tiempo, querer que esa historia dure eternamente.
Un narrador especial. La Muerte, humanizada hasta los huesos, muestra sentimientos, remordimientos, y un ácido sentido del humor que nos guía a través de la historia principal. A través de sus palabras nos describe los rincones de Himmelstrasse y la infancia (y la pérdida de ella) de la protagonista, por quien siente una fascinación que nos contagia.
Una protagonista entrañable, amigable, conocida. Liesel Meminger. La pequeña ladrona viviendo en medio de la guerra, sin conocer a Hitler, sin saber más de él que lo quehan dicho de su libro, Mein Kampf, el cual está ansisa por leer. Desafiando a la muerte desde el comienzo, enamorándola.
Personajes vivos. Como si existieran en realidad. Con sentimientos, necesidades, miedos. Rudy, un alemán deseando ser Jesse Owens; Rosa y Hans Hubermann, los padres sustitutos, alemanes escondiendo un judío en el sótano; Max, judío alemán, cuya vida es tan paralela a la de Liesel que parecen una misma. Personajes cuyas vidas son más complicadas de lo que uno imagina en el primer capitulo.
La Ladrona de Libros es uno de esos libros que te llama la atención desde la portada. A mi en particular me decía "cómprame, cómprame", y a pesar de que no lo compré el primer momento que lo vi, mi insistencia por tenerlo me valió pra que llegara después a mis manos sin tener que pagar por él. (No me lo robé, me lo regalaron para que me callara).
Así que si esto no es suficiente para motivar a alguien a que lo compré, o al menos lo baje de internet, no sé que será.
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